Cómo elegir los colores de un mapa
El color decide qué se ve primero en un mapa y en qué pared queda bien. Esta guía explica las convenciones de la cartografía, cuántos colores usar, cómo elegir el papel y cómo hacer un mapa que se lea bien en pantalla, en papel y para cualquiera.
Los colores de siempre
La cartografía lleva siglos usando los mismos colores, y por algo: el azul para el agua, el verde para la vegetación, el marrón o el ocre para el relieve y el negro o el gris oscuro para lo construido, calles y edificios. Cualquiera lee un mapa así sin leyenda.
Es un buen punto de partida, sobre todo en un mapa topográfico, que tiene que entenderse. El estilo topográfico de PlotMyMap sigue esas convenciones: curvas de nivel en tonos tierra, agua en azul, bosque en verde y edificios en rojo, como los mapas de excursionismo.
Romper las convenciones también funciona, pero con intención. Un mapa decorativo puede ser todo de un color, o usar un rosa para el agua si combina con la pared. Lo que no conviene es mezclar a medias: si el agua es verde y el bosque azul, el ojo se confunde.

Menos colores, mejor mapa
El error más frecuente es usar demasiados colores. Cada color nuevo pide atención, y un mapa con diez tonos distintos no tiene protagonista.
Una regla sencilla: uno o dos colores fuertes y el resto, neutros. Por ejemplo, el agua en azul intenso, los edificios en un rojo coral y todo lo demás en grises o en el color de la tinta. Así la mirada va primero a lo que importa.
Los mapas de un solo color, todo negro sobre blanco o todo blanco sobre azul, son los más elegantes y los más fáciles de combinar. La jerarquía la dan entonces los grosores y los rayados: el agua rayada con líneas de orilla, los parques con marcas sueltas y los edificios con rayas rectas se distinguen sin necesidad de color.
En PlotMyMap los temas de color cambian todos los colores de una vez con paletas pensadas para combinar: Clásico, Tinta negra, Sepia, Coral, Noche y Plano azul. Son un buen sitio para empezar antes de tocar nada a mano.
El papel también es un color
El color del papel es el que más superficie ocupa, así que decide el tono del mapa entero. Un blanco puro da un aire técnico y moderno; un crema o un marfil, cálido y de lámina antigua; un gris claro, sobrio.
Elige el color de las líneas pensando en el papel. Sobre crema, los marrones y los azules apagados quedan naturales, como un grabado. Sobre blanco puro, los colores vivos se ven más limpios. Sobre fondo oscuro, las líneas tienen que ser claras, y los colores muy saturados vibran.
Si vas a imprimir, recuerda que el color del papel lo pone la tinta: un fondo oscuro cubre la hoja entera y gasta mucha tinta. Si lo vas a plotear o grabar, el papel es el de verdad y el color de fondo del mapa solo es una vista previa.

Contraste: que se lea
Un mapa tiene que leerse a la distancia a la que se mira. Las líneas finas en colores claros (un amarillo, un verde pálido) desaparecen sobre papel blanco, sobre todo en un póster que se ve desde un par de metros.
Una forma rápida de comprobarlo: mira el mapa en pantalla, aléjate o entorna los ojos. Lo que desaparece es lo que tiene poco contraste. Si es algo secundario, como las sendas, quizá está bien; si es el río que da forma a la ciudad, oscurece su color.
Los rayados tienen su propio color, aparte del contorno: un edificio puede llevar el contorno oscuro y el rayado en un tono más claro del mismo color. Así la zona se ve rellena sin pesar tanto, un recurso muy de cartografía clásica.
Y piensa en lo que va encima de qué. En PlotMyMap, en los elementos del mapa, el orden manda: lo de arriba tapa lo de abajo. Un color fuerte encima de todo marca la jerarquía mejor que cualquier truco de color.
Mapas oscuros
Un mapa con líneas claras sobre fondo oscuro, como el tema Noche, es llamativo y muy moderno. Funciona sobre todo en paredes claras, en pantallas y en ciudades con mucha trama, que parecen iluminadas.
En un mapa oscuro, menos es más. Los colores muy vivos sobre negro cansan; mejor tonos algo apagados, como un ámbar para los edificios o un azul claro para el agua, y blanco roto en lugar de blanco puro para las calles.
Plano azul es otra forma de mapa oscuro: todo en tonos claros sobre azul profundo, como los planos de arquitectura antiguos. Le sienta muy bien a una ciudad con trazado regular.

Colores para todos
Uno de cada doce hombres, aproximadamente, y muchas menos mujeres tienen algún tipo de daltonismo, casi siempre dificultad para distinguir el rojo del verde. En un mapa donde los parques son verdes y los edificios rojos, para ellos las dos zonas pueden parecer del mismo color.
No hace falta renunciar a esos colores: basta con que no sean lo único que distingue una cosa de otra. Si los parques llevan un rayado distinto del de los edificios (marcas sueltas frente a rayas rectas, por ejemplo), el mapa se lee sin depender del color.
También ayuda variar la claridad, no solo el tono: un verde claro junto a un rojo oscuro se distingue en blanco y negro, que es más o menos como lo ve alguien con daltonismo fuerte. Si imprimes una prueba en escala de grises y las zonas se siguen distinguiendo, el mapa funciona para todos.
Guardar tu paleta
Cuando des con una combinación que te guste, guárdala en Mis estilos: guarda el tipo de mapa, los colores, los elementos y la letra, y la puedes aplicar a cualquier otro sitio. Es la forma de hacer una serie de mapas con el mismo aire, por ejemplo las ciudades donde has vivido.
Si te pierdes cambiando colores, «Volver al estilo de partida» deshace todo lo que hayas tocado y vuelve a los colores del estilo.
Antes de imprimir un tamaño grande, pide una prueba en pequeño: los colores de la pantalla nunca salen idénticos en papel. La guía de impresión cuenta qué esperar.
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